Hace mucho, Rhino organizó otra recopilación garagera para explorar el mundo del garage después de que el garage ya no existiera (es decir, en los 80) y la llamó Children of Nuggets. Aquí en España, donde necesitamos una Rhino urgentemente, una discográfica dedicada a mirar al pasado con ganas de recuperar lo perdido más que de exprimir lo de siempre, el concepto nugget nos ajusta mal: el pollo nos lo hacía mamá y las hamburguesas se llamaron, durante mucho tiempo, filetes rusos.
Sin embargo,
Kokoscha, navarros como la mejor menestra o los únicos espárragos que merecen la pena (ojo, que en Mendavia y Lododsa ya dan chilenos por liebre), y pamplonicas como la Ciudadela, la lluvia (sí, la lluvia no se inventó en Pamplona, pero pertenece a ella, como el Opus) o
la Carpa son bastante nuggets. En
La Fuerza, su segundo disco, refinan su crudeza y con esto no quiero decir que la apacigüen: aplico aquí "refinar" como perfeccionamiento; lo crudo, más crudo; lo psicodélico, más psicodélico; las letras, mejores.
Si el primer disco era demasiado todo (demasiadas canciones, demasiadas etapas), el segundo es un bloque contundente donde a la imperfección se le llama calamitas navarrensis y donde los profesores nos piden el justificante por faltar el día en que mami murió. Kokoscha son una Velvet de colegio concertado, de RRV sin ser vasco ni ser radical ni ser rock, de los 80s irritantes, de un teenage angst que acabará siendo vejez-con-vinos por Lo Viejo. Unos miembros de K Records si Calvin Johnson tuviese casa en Calderería.
Birra y Perdiz ya tienen joyita para 2010 y nuevo disco para justificar su olfato talibán y el castigo de la vara del indie.